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¿Qué estarán haciendo?
Escrito por QUEDESEES   
¿QUÉ ESTARÁN HACIENDO?

Un sol alegre iluminaba la vieja foto, ajada tras tres años de combates y de miseria. Tres años antes habían sido jóvenes estudiantes anarquistas de una ciudad del sur de Francia. Cuando en España había empezado la guerra, se habían alistado para ir a luchar por sus ideales, contra el creciente fascismo.

Tres años de guerra en un país de gente amable y valiente, luchando contra lo que parecía inevitable, de derrota en derrota, viendo morir la esperanza de tantos obreros, de tantos soldados venidos de países lejanos, defendiendo una ciudad que no quería rendirse. En la foto habían sido treinta, se habían alistado veinte. Los rostros de los otros diez estaban tachados con suaves cruces de lápiz. A la izquierda había un muchacho rubio, sonriente, alegre. Había sido un gran amigo, aunque no se preocupaba por la política, el único que fue a despedirles cuando subieron al tren. Ahora, otra guerra, que era la misma; contra la misma gente, contra los mismo pensamientos, otra guerra estaba llegando a Francia.

Él estaba a la derecha, con una cara joven, soñadora, que hacía eternidades que no veía cuando se miraba al espejo, con una convicción en los ojos que hacía mucho que había perdido. Le abrazaba una joven, bonita e inteligente. Llevaba un jersey de lana y unos pequeños pendientes de oro, que él recordaba haber ido a comprar, en otro país, en otro mundo, en otro tiempo. Ella le había seguido también a la guerra, como en la paz, hasta que murió en el Jarama, el fusil en la mano y un beso en los labios, mientras se despedía por última vez. Arrodillado delante de ellos, Pierre, estudioso y decente, había sorprendido a todos cuando se presentó en la estación, la cara pálida, pero decidido. Sin embargo, nunca había tenido alma de guerrero y nadie se extrañó cuando cayó en Brunete, el primero en dejar la amarga lucha. También estaba Jacques, fuerte, deportista y buen tirador. Como tantos otros, había vuelto a Francia cuando el gobierno prescindió de las brigadas, cuando todo el mundo veía la derrota acercarse con pasos lentos, pero seguros, después del desastre del Ebro. Cuando eran viejos y niños los que se enfrentaban a los africanos. Sólo se había quedado él, idealista hasta la muerte, empeñándose en luchar por una causa perdida. En Francia había sido el más entusiasta, el que lo organizara todo. Había llevado a la muerte a su novia, a sus amigos, y cada uno de estos muertos le pesaba en el corazón. Había combatido sin esperanza, buscando la muerte, y ésta le había rehuido, una y otra vez, hasta venirle a buscar ahora, cuando todos los demás se habían ido o le habían dejado. Cuando embarcaron hacia Francia y le abrazaron, uno a uno, sólo eran seis. ¿Qué estarán haciendo?

 

Los guardias abrieron la puerta, él besó la foto por última vez y la introdujo entre el jersey y la camisa, ante el corazón. Un cuarto de hora después, los viejos amigos volvieron a morir, agujereados por las balas.

 

QUEDESEES

Nov. 2008

 
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