¿Qué somos en realidad?

Por Eguilaz Carmen • 22 Feb, 2010 • Sección: Filosofía

Escrito por : Andrés Ripoll Sánchez (1º Bto. D)

Desde los albores de la humanidad los grandes pensadores se han preguntado qué somos los humanos, qué nos diferencia exactamente de los primates, cuál es la esencia del ser humano. Yo, tras leer sobre esta idea y aún sin ser gran pensador de época alguna, decidí también sumarme a está búsqueda de un concepto, una idea, una palabra para describir con precisión al ser humano.

Antes de iniciar cualquier reflexión o de coger un diccionario y buscar entre todos los términos el que más me recordase al ser humano mi habitual pereza me hizo buscar en los libros de filosofía lo que habían dicho otros pensadores no fuera a ser que pudiera alguna de sus opiniones responderme a esta duda que me corroía por dentro y así ahorrarme la tediosa búsqueda y reflexión.

El primer pensamiento que hallé se refería al ser humano como animal racional. Cierto era que el ser humano se caracterizaba sobre todo por pensar sobre todas las cosas imaginables, sin embargo, pensé, una vaca o un tigre también piensan, puede que no en el origen del universo, pero sí piensan en matar a su presa o en ir al prado y, además, algunos animales no sólo piensan por instinto sino que delfines o pulpos reaccionan de la manera más lógica ante cada amenaza o cada caza distinta por lo que también razonan, sólo que se centran en cosas más prácticas, por lo que son seres racionales. Decepcionado, cerré el libro y me dediqué a buscar un nuevo pensamiento; este era demasiado genérico pues definía a más seres y no exclusivamente al hombre.

Mi búsqueda me llevó a la idea de hombre como animal político, con justicia, siendo racional, parlante y moral. Al principio me pareció la mejor definición de humano jamás dada pero mi mente decidió amargarme el momento recordándome “la ley de la selva”. Los animales y la naturaleza tenían su propio sistema de justicia, duro y burdo, no obstante, real. Además determinados primates y cetáceos tenían determinado códigos lingüísticos (gritos, gruñidos) que combinados se transformaban en información por lo que se puede decir que hablan de manera primitiva. Por último, pensé que cada comunidad de primates tenía sus miedos (muerte), sus formas de ser (ir a tal sitio cada día, desparasitar al que me ayudó ayer) por lo que tenían un amago de moral, comportamientos altruistas se les llama. Tras estas reflexiones decidí seguir buscando.

La siguiente parada de mi búsqueda me llevó a Freud y su definición de ser que siente. ¡Eureka!, dije, al fin una definición que parecía ser coherente y acertada: ¿quién más que el ser humano podía tener sentimientos, emociones, componentes irracionales y en algunos casos inútiles en la fría y pragmática naturaleza? Todo había acabado, lo había conseguido, pensé, al fin. Pero de repente me vino a mi cabeza una imagen de un documental que en algún momento de locura o despiste debí poner años atrás: una mona lloraba y gemía tras haberse ahogado su cría. La mona estaba en peligro, la manada podía dejarla atrás, podían atacarla… ¿qué sentido tenía eso? Ninguno. La mona tenía sentimientos, puede que mañana no los recordara o que al mes incluso se riera, pero en ese momento sentía pena por la pérdida de su cría, sentía. Por tanto no solo el hombre siente.

Intenté ver si la filosofía estadounidense me podía salvar (EEUU salvando al mundo, qué raro) y leí sobre el homo faber (el que fabrica instrumentos) de Franklin. No era mala idea pero tampoco era tan exacta como quería. Los monos afilan rocas lanzándolas contra otras para unirlas a palos y tener algo parecido a lanzas o bastones. ¿No era esto un instrumento fabricado? Tras esta pregunta cerré el libro y seguí buscando.

Cada búsqueda que hacía me enfadaba más pues era cada vez más rebatible. Que si animal cultural… pues los elefantes tienen sus cementerios y su cultura, por tanto. Que si homo religioso… pues los ateos ¿no son humanos o qué? Que si un ser tecnológico… pues entonces las termitas son humanas porque sus termiteros son maravillas de la arquitectura. Que si homo ludens (un ser que juega)… pues los cachorros de león también juegan y no son humanos.

Harto cerré los libros y me alejé sin respuesta pero, al volverme, vi que había tirado un libro. Me acerqué de nuevo y me agaché a recogerlo. Vi que estaba abierto y que en una esquina había una pequeña nota. Siempre me ha gustado reírme de lo que las hormonas les hacen hacer a algunos, así que me acerqué y lo leí esperando echarme unas risas pero me quede callado, con los ojos abiertos. Ahí estaba, en una pequeña nota que algún alumno había cogido al azar en una aburrida clase por azar, supe que eso era lo que buscaba: homo liber, el animal que elige cómo ser, qué hacer, pues él es libre.

En eso se diferenciaba el hombre de todo, eso le desarrolló: el ser libre. Eso le dejó elegir no ser pragmático y vago y vivir como todo animal sino que le hizo evolucionar, buscar soluciones aunque muchas de sus hipótesis le pudieran costar la vida, pues eran libres y podían acertar o fallar. Eso le hace poder estar juntos o separados y no estar inexorablemente condicionados por haber nacido en un grupo o solos con sus padres pues un ser humano puede elegir vivir en soledad o en grupo libremente y sin obligaciones (véanse los ermitaños). Eso hace que pensemos las cosas más inútiles y extrañas pues nada ni nadie nos lo impide, ningún instinto o despreocupación nos frena como a los animales. Eso hace que el ser humano sea tan aleatorio, que sea impredecible lo que le puede llevar a la extinción (si piensa mal o el azar le da una mala mano) o le lleve a gobernar un planeta y le lleve a ser el punto más alto de la pirámide evolutiva y a la vez ser tan fácilmente asesinado por sí mismo pues nada le para. Es libre, aun con las restricciones que la biología le impone, él es libre de autodestruirse. Esto lo diferencia de cualquier ser pues para tomar estas decisiones tan estúpidas o contradictorias (ejemplo: la capa de ozono rota) no hay que tener barreras, no tener un gran límite, hay que ser libre y depender de que el azar le lleve a mejor y de que le enseñe a razonar para luego poder, poco a poco, cuidarse él solo (pues al razonar se eliminan riesgos) pues él fue libre para lanzarse a este abismo que pudo matarle pero le llevo al poder. Por tanto, para mí esta palabra por la que tantas personas habían luchado y muerto tomó un nuevo significado. Esta gente luchó no sólo por una idea sino que luchó por mantener lo que les separaba de cualquier otro ser, de ser primates gobernados por el más hábil o el más fuerte, lucharon por su esencia, lucharon por aquello que les definía y les hacía grandes. De nuevo miré la respuesta a mi pregunta sobre lo que hizo y define al hombre, un único concepto, una única palabra, LA PALABRA: libertad.

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